Mona

Mi viaje por el mundo de la música y el baile
con los implantes cocleares

Nací en julio de 1989. En ese momento, no había ningún indicio de una posible pérdida auditiva. Nadie en mi familia pensaba que esto pudiera pasar. Mis padres me enviaron a una guardería normal, la misma a la que asistieron mis hermanos y hermanas.

Cuando estaba terminando la guardería empecé a desarrollar una pérdida auditiva. Cuando me llamaban, no reaccionaba con la misma rapidez que los demás niños. Mis padres consultaron con varios pediatras, y tampoco estaban seguros de cuál podría ser el problema. Algunos doctores creían que se trataba simplemente de falta de concentración. Mis padres me enviaron a una escuela primaria normal pero, más adelante, al llegar al primer curso, era evidente que tenía algún problema de audición, ya que no podía comprender las indicaciones de mis profesores.

Cuando recibí mis primeros audífonos, descubrí que realmente me encantaba la música. El primer instrumento que aprendí a tocar fue el violín. Amaba la música, pero con mis problemas auditivos me resultaba muy difícil practicar o progresar. Quería enfrentarme al desafío, quería demostrar que yo podía hacer cosas que otras personas también podían. La música fue una terapia para mí, y cuando tocaba me sentía especial. Más adelante, asistí a una escuela integrada de secundaria.

Cuando empecé 6º curso, mi audición se había deteriorado paulatinamente. Los médicos recomendaron la implantación coclear. Sin embargo, me negué porque estaba convencida de que mi audición volvería a mejorar del mismo modo que se había deteriorado. Por desgracia, mi audición empeoró, y al llegar a 8º curso perdí mi capacidad auditiva casi por completo.

A los médicos siempre les llamó la atención que yo no perdiera mi capacidad para hablar con claridad. Me dieron dos alternativas: la implantación coclear o la sordera. Amaba tanto la música que definitivamente la sordera no era una alternativa válida para mí. Después de pensarlo un tiempo, elegí los implantes de la firma MED‑EL. En enero de 2004, recibí mi primer IC en el oído derecho. Mi audición mejoró rápidamente, aunque al principio fue difícil. Las voces me resultaban extrañas, pero con el paso del tiempo los sonidos empezaron a sonar con mayor claridad y suavidad en mis oídos. Hasta podía escuchar los ruidos de fondo. Noté, sobre todo, que había empezado a progresar nuevamente con la música. Podía escuchar mejor los tonos e incluso podía identificar mis propios errores. Esto nunca había sido posible con los audífonos.

En diciembre de 2006, decidí recibir mi segundo IC debido a la importancia que tenía la música en mi vida. Siempre ha jugado un gran papel en mi vida.

Una vez más, noté una increíble mejoría. Hoy en día estoy orgullosa de ser una usuaria de MED-EL. A veces, me olvido de que tengo pérdida auditiva. La música me ayudó a superarlo todo.

Ahora estoy en 13º curso en una escuela para personas con problemas de audición en Essen, Alemania. ¡Y aquí también he descubierto cuánto me gusta bailar! Tengo dos profesores que imparten clases de baile para sordos. Aprendemos, entre otras cosas, a bailar tango. Realmente me encanta bailar y ya hace tres años que lo hago. Disfruto escuchando el ritmo de la música y bailando el tango, uno de los bailes más difíciles. Sin mis implantes cocleares, jamás hubiera aprendido a hacer todas estas cosas. El apoyo de mis padres, la música que amo y, por supuesto, mis implantes cocleares me han ayudado a llegar hasta donde estoy hoy. Realmente estoy muy orgullosa de ello. Cuando termine la escuela, me gustaría  estudiar música. ¡Sé que puedo hacerlo gracias a mis implantes cocleares!

¡Me han devuelto a la vida!

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